«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

jueves, 21 de abril de 2011

Sectas destructivas y manipulación psicológica


Una secta es el conjunto de seguidores de una doctrina religiosa o de una ideológica concreta. Se trata de seguir a un maestro, a un líder. En muchas sectas así sucede. En España el derecho de libertad de creencias religiosas o ideológicas está consagrado constitucionalmente y ese no es el problema en el caso de las llamadas sectas destructivas. El problema estriba en el hecho de que algunos grupos organizados o sectas, amparándose en algunas creencias y valores generalmente oscuros y marginales, promuevan entre sus principios organizativos la limitación expresa o tácita de la libertad de las personas e impongan otras restricciones a la libertad de expresión o circulación de los miembros del grupo o practiquen su explotación económica, por las largas horas de trabajo y salario mínimo. La principal característica de las sectas destructivas es su habilidad para transferir y conformar una personalidad gregaria en sus adeptos, provocándoles, mediante peligrosas técnicas de control mental y entrenamiento psicológico, el llamado síndrome disociativo atípico.

Precisamente el factor económico, la sempiterna crisis económica, puede llevar a algunos ciudadanos a buscar vías de escape y huidas hacia adelante aparentemente fáciles y rápidas, buscando la salida hacia ningún sitio en determinados grupos que practican peligrosas técnicas de control mental y que precisamente por su carácter peligroso son considerados como sectas destructivas. Los señuelos que ofrecen estos grupos para la captación de sus víctimas son, en lo superficial, muy atractivos. Palabras como "meditación", "teosofía" y algunas prácticas orientales envueltas en una abigarrada y espesa mística conceptual, entre otras, constituyen algunos de los reclamos más utilizados por estas sectas para captar fieles adictos. Algunas de ellas prefieren actuar desde el anonimato y el oscurantismo, pero existen otras que lo hacen abiertamente y de modo expansivo, incluso algunas de ellas, desde la legalidad, están entregadas a la labor de proselitismo sin esconderse, buscando un número masivo de adictos para obtener cuanto más lucro, mejor.

Las autoridades policiales mantienen a algunas de estas sectas bajo vigilancia al haberse descubierto que han creado sus centros de captación a través de personas interpuestas, generalmente extranjeros que se han instalado en nuestro país para abonar el terreno. Sin embargo, no es tarea fácil recopilar las pruebas necesarias para conseguir imputarles sus delitos, generalmente como consecuencia de su predeterminado "modus operandi", pues para la consecución de sus fines, estas sectas, mediante el control psicológico de sus víctimas, logran que se cumplan muchos de sus objetivos, en algunas ocasiones, incluso mediante la manipulación sexual de sus adeptos.

Ese pernicioso "culto al líder del grupo", puede llegar a generar incluso grandes conflictos familiares, particularmente en las familias donde uno de sus miembros ha abandonado el hogar familiar, llevándose los niños al núcleo de la secta e imposibilitando que accedan a la educación, atención médica y a visitar a los restantes miembros de la familia fuera del grupo organizado o secta. Existen algunos casos, aún presentes en nuestra memoria histórica reciente, de sectas destructivas, con un balance terrible de muertes y desolación: en Guyana se suicidaron en masa más de 900 miembros de la secta del Templo de los Pueblos; en Suiza, Canadá y Francia, la secta Orden del Templo Solar ordenó suicidios en masa y el asesinato de 74 de sus miembros; en Uganda el Movimiento para la Restauración de los Diez Mandamientos de Dios asesinó a más de 1000 miembros…, etc.

En España no existe un observatorio oficial para prevenir y hacer un seguimiento de las comunidades que puedan ser clasificadas como sectas, a pesar de que la Unión Europea hizo una recomendación sobre este asunto en 1984, sin embargo, a fecha de hoy aún existen muchas lagunas al respecto. Es por ello que las denuncias que podrían llegar a poner fin a estas situaciones, activando los mecanismos de la justicia, son muy escasas todavía y realmente existe muy poca jurisprudencia aplicable al respecto. En nuestro ordenamiento, una persona cuando tiene la mayoría de edad es plenamente dueña de sus actos y en caso de que exista manipulación psicológica es, por lo general, bastante difícil de demostrar. Para estos casos debería ser aplicado el artículo 515 del Código Penal que establece que son punibles, como asociaciones ilícitas, "las que, aun teniendo por objeto un fin lícito, empleen medios violentos o de alteración o control de la personalidad para su consecución". Desde el 22 de mayo de 1984, cuando el Parlamento Europeo, por 98 votos a favor, 28 en contra y 27 abstenciones, aprobó el Informe Cottrell sobre sectas, hasta nuestros días ha transcurrido el tiempo suficiente para incorporar en nuestra sociedad los suficientes elementos de presión y prevención para frenar el ascenso de las sectas destructivas. Es una necesidad que no puede ni debe esperar más.

Carmelo Hernández & Antonia Chinchilla

jueves, 7 de abril de 2011

¿Qué es un Sandinista?


1. EL revolucionario Sandinista debe evitar la simple "frase revolucionaria", tenemos que acompañar esto con una profunda identificación con los principios revolucionarios.

2. El Sandinista sabe vincular la teoría revolucionaria con la práctica concreta en la que actúa, estrecha vinculación con las masas populares, asimilación de la experiencia que se desprende de la práctica de nuestra fuerza combativa.

3. El Sandinista debe tener un auténtico espíritu crítico, ya que tal espíritu de crítica constructiva le da consistencia mayor a la unidad y contribuye a su fortalecimiento y continuidad, entendiéndose que una crítica mal entendida que expone la unidad, pierde su sentido revolucionario y adquiere un carácter reaccionario.

4. Un Sandinista posee, ante todo, modestia revolucionaria. Esta es una cualidad que tiene más importancia de lo que a primera vista puede parecer. La modestia facilita, quizá en muchos casos decisivamente, la vida colectiva, la actividad de un conjunto de personas.

5. La conciencia colectiva, la conciencia de que es la energía de un conjunto de hombres lo que integra la vanguardia, es imprescindible en el espíritu militante. Ese espíritu colectivista, que lo sustenta la modestia, debe convertirse en una pasión en el militante Revolucionario.

6. El Revolucionario nunca olvida el título que ostentan los combatientes Sandinistas: HERMANO. Esto tampoco es opuesto al empleo de la energía y el rigor, tan necesario en la vida dura clandestina y guerrillera. De lo que se trata es de ser enérgico y riguroso sin olvidar el respeto, la sinceridad, la fraternidad.

7. El militante Sandinista, en cualquier lugar que este, debe estar relacionado en alguna medida con la vida del Pueblo Trabajador.

8. El Sandinista sabe que la corrección ideológica no vale nada sin una consecuente conducta práctica, pero una conducta práctica positiva es insuficiente si no está acompañada de una definición ideológica revolucionaria.

9. El Sandinista sabe que solo la vinculación intensa con los trabajadores contribuye a su verdadera educación política.

10. El Sandinista practica una política de paciencia y serenidad, evitando que esta se convierta en una política de indulgencia. Ser paciente sin ser indulgente, sin pasar por alto las distintas violaciones a los principios.

11. El revolucionario Sandinista no puede proponerse solamente enseñar a las masas populares, sino que al mismo tiempo debe aprender y saber ser discípulo de las masas populares. Que todos sus pasos lleven la marca del carácter de nuestro pueblo.

12. Hay cuestiones que molestan en lo personal, pero nuestra obligación es subordinarlo todo a los intereses de la causa Sandinista, a los intereses del subyugado pueblo nicaragüense, a los intereses de los explotados y oprimidos de Nicaragua.

13. El Sandinista sabe ayudarle a sus compañeros a que reconozcan sus fallas, sus debilidades. Pero debe entender que un Sandinista no va a ser comprensivo por tácticas, por simple conveniencia, sino porque así lo exigen los principios revolucionarios.

14. El Sandinista sabe vincular las opiniones de las personas a las prácticas de estas, como concuerdan lo que hablan con lo que han hecho. Demostrar perfeccionismo en el papel es fácil, demostrarlo en la práctica es difícil.

15. Un revolucionario sabe que este donde este, siempre que luche por la humanidad, estará cumpliendo con su deber.

16. Un Sandinista no es desmedido ni en el pesimismo ni en el optimismo.

17. El Sandinista sabe que si alguna vez es necesario calificar, se deben emplear los términos más objetivos e imparciales. Sin caer en epítetos. Calificar, pero no para responder al insulto con insulto, sino para poner de relieve nuestra serenidad.

Comandante Carlos Fonseca Amador