«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

sábado, 12 de febrero de 2011

Benjamín Zeledón


El General Benjamín Zeledón por el general Augusto C. Sandino para la prensa mundial hoy, 4 de octubre, entra el pueblo nicaragüense al décimo octavo año de lucha anti-imperialista en Nicaragua.

Mucho se ha escrito con relación al origen de la intervención norteamericana en mi patria, pero cuando más se escribe, más se hace necesario mencionar fechas históricas como la del 4 de octubre de 1912 en que se principió a bosquejar en los círculos políticos de Nicaragua el proyecto para la celebración del escandaloso Tratado Chamorro-Bryan. Los rumores acerca de ese proyecto produjeron en aquel pueblo fuertes conmociones de inconformidad y se desarrolló una sangrienta revolución contra el ya vende-patria Adolfo Díaz, instrumento reconocido de la piratería yanqui, que era también en aquel entonces presidente de Nicaragua.

La revolución que nos referimos dio principio en nuestra ciudad capital, Managua, el 28 de julio de 1912 y terminó el 4 de octubre del mismo año con la muerte de nuestro héroe máximo General Benjamín Zeledón, quien con un puñado de valientes patriotas lanzó al mundo, al rugir del cañón y bajo la lluvia de metrallas, su energía protesta por la intromisión del gobierno yanqui, en nuestros asuntos internos.

Benjamín Zeledón, gran patriota, soldado valiente, su heroico sacrificio en aras de nuestra soberanía nacional, no será olvidado y su recuerdo vive latente en el corazón de todo buen hijo de Nicaragua. Era yo, en aquel entonces muy joven y estaba encargado de las haciendas de mi padre, por el amor a mi patria, ayer como hoy, latía en mi corazón y seguí con el anhelo el desarrollo de los acontecimientos.

Niquinohomo, mi pueblo natal, está situado en las colinas del cerro de pacaya a dos leguas de la ciudad de Masaya, estando esta última ciudad en los bajos del cerro de pacaya en una preciosa y extensa llanura, que desde mi pueblo ofrece a la vista un bellísimo paisaje.

En esa ciudad de Masaya, a la que Rubén Darío llamó la ciudad de las flores, se encuentra la fortaleza de la barranca, donde estaban atrincheradas las fuerzas del General Benjamín Zeledón contra los invasores norteamericanos y los vende-patria nicaragüenses encabezados por los esbirros Emiliano chamorro y Adolfo Díaz. El 4 de octubre, en la madrugada, yendo yo en camino a una de las haciendas de mi padre, escuché descargas de fusilería y ráfagas de ametralladoras en las hondonadas del cerro de pacaya; consecutivamente se oía arreciar un formidable combate que se había entablado entre dos mil soldados de infantería de la marina norteamericana unidos a quince mil vende-patria nicaragüenses contra quinientos hombres del General Zeledón, que se defendían heroicamente contra aquella oprobiosa avalancha humana, después de un prolongado sitio que habían sufrido los autonomistas nicaragüenses, en aquella ciudad, donde tuvieron que comer hasta sus cabalgaduras.

Nuestros sentimientos patrióticos y nuestro corazón de hombre joven ese encontraban en desesperante inquietud, pero nada pude hacer en bien de aquella noble y grandiosa causa sostenida por el General Benjamín Zeledón y a las cinco de la tarde de ese mismo día, aquel apóstol de la libertad había muerto y en una carreta tirada por bueyes fue conducido su cadáver al pueblo de Catarina, convecino del mío, en donde hasta por hoy, bajo una lápida lamosa y semidestruida por la intemperie del tiempo se encuentran los restos de nuestro máximo héroe y gran patriota General Benjamín Zeledón.

A. C. Sandino
Mérida, Yucatán, México, octubre 4 de 1929
Patria y libertad